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Cambia la hora este domingo: a las tres serán las dos y vuelve el debate sobre si debemos seguir haciéndolo

España volverá a cambiar sus relojes este fin de semana. Durante la madrugada del sábado 24 al domingo 25 de octubre de 2026, los españoles tendrán que atrasar una hora sus relojes para adaptarse al horario de invierno. Una modificación que permitirá dormir una hora más esa noche, pero que también supondrá que anochezca antes durante los próximos meses.

El cambio se producirá oficialmente a las 3:00 horas de la madrugada del domingo, momento en el que los relojes deberán retroceder hasta las 2:00 horas en toda la España peninsular y Baleares. En Canarias, donde existe una hora menos respecto a la península, el cambio tendrá lugar a las 2:00, cuando volverán a ser la 1:00.

La mayoría de los dispositivos electrónicos, como teléfonos móviles, ordenadores y relojes inteligentes conectados a internet, realizarán el ajuste automáticamente. Sin embargo, los relojes analógicos y otros aparatos que no dispongan de actualización automática deberán modificarse manualmente.

Este cambio, que se repite dos veces al año, vuelve a poner sobre la mesa una controversia que lleva décadas acompañando a los ciudadanos europeos: ¿sigue teniendo sentido modificar los horarios en una sociedad cuyos hábitos de consumo energético y formas de vida han cambiado tanto?

¿Qué cambia realmente con el horario de invierno?

El principal efecto del cambio será el desplazamiento de una hora en la relación entre la luz solar y nuestros horarios cotidianos.

Al retrasar los relojes, amanecerá y anochecerá aproximadamente una hora antes según la hora oficial, aunque la duración real del día seguirá dependiendo de la estación del año.

Para quienes comienzan su jornada laboral o escolar temprano, esto supondrá disponer de más luz natural durante las primeras horas de la mañana. Por el contrario, quienes terminan sus actividades a última hora de la tarde comprobarán que oscurece antes.

En ciudades como Alcalá de Henares y Madrid, donde buena parte de la actividad comercial, deportiva y social se desarrolla durante la tarde, este adelanto de la puesta de sol puede modificar las rutinas de ocio al aire libre.

El cambio también tiene una particularidad: durante la madrugada del domingo, el intervalo comprendido entre las dos y las tres se repetirá dos veces, por lo que ese día tendrá oficialmente 25 horas.

¿Por qué seguimos cambiando la hora dos veces al año?

El cambio horario se implantó con el objetivo de aprovechar mejor las horas de luz natural y reducir el consumo energético, especialmente el destinado a la iluminación.

Su aplicación se extendió en Europa durante las crisis energéticas de la década de 1970, cuando el encarecimiento del petróleo impulsó medidas destinadas a reducir el consumo.

Sin embargo, la sociedad actual es muy diferente. La generalización de la iluminación LED, los nuevos hábitos laborales, el uso de dispositivos electrónicos y el consumo energético asociado a la climatización han modificado considerablemente las condiciones que justificaban aquella medida.

Precisamente por eso, uno de los principales argumentos de quienes defienden su eliminación es que el ahorro energético actual resulta limitado e incierto. La reducción del consumo de iluminación puede verse compensada, al menos parcialmente, por mayores necesidades de calefacción o aire acondicionado en determinadas circunstancias.

Por el contrario, quienes defienden mantener el sistema destacan la posibilidad de disponer de más horas de luz durante las tardes de verano, algo que favorece determinadas actividades comerciales, turísticas y de ocio.

El debate sobre los efectos en la salud

Más allá del consumo energético, otra de las cuestiones que alimentan la controversia es el efecto que los cambios horarios pueden tener sobre el organismo.

El reloj biológico humano se regula en buena medida mediante la exposición a la luz natural. Modificar de forma repentina los horarios puede alterar temporalmente los patrones de sueño y vigilia.

Aunque el cambio de otoño suele resultar más llevadero que el de primavera, al permitir una hora adicional de descanso, algunas personas pueden experimentar dificultades para adaptarse a los nuevos horarios, cansancio, irritabilidad o problemas de concentración durante los primeros días.

El debate científico no se limita a si debemos dejar de cambiar los relojes, sino también a qué horario sería más adecuado mantener de forma permanente.

Quienes defienden el horario estándar, conocido habitualmente como horario de invierno, destacan su mayor proximidad a los ciclos naturales de luz y oscuridad. En cambio, los partidarios del horario de verano permanente valoran especialmente disponer de más luz solar al final de la jornada.

La Unión Europea propuso eliminar el cambio de hora en 2018

La discusión lleva años abierta en las instituciones europeas.

En septiembre de 2018, la Comisión Europea presentó una propuesta para suprimir los cambios horarios estacionales. La iniciativa llegó después de una consulta pública en la que participaron millones de ciudadanos europeos y en la que una amplia mayoría se mostró favorable a terminar con esta práctica.

Un año después, en marzo de 2019, el Parlamento Europeo respaldó la propuesta y planteó que los cambios de hora desaparecieran en 2021.Sin embargo, aquella fecha nunca llegó a materializarse.

El principal obstáculo ha sido la falta de acuerdo entre los Estados miembros, que deben coordinar sus decisiones para evitar que la desaparición del cambio horario provoque una fragmentación de husos horarios que complique el transporte, las comunicaciones y las actividades económicas.

El Consejo de la Unión Europea todavía no ha adoptado una posición definitiva y no existe un calendario aprobado para eliminar los cambios estacionales.

Tres posibilidades para el futuro de los relojes europeos

En el debate europeo se han planteado tres alternativas principales:

  • Mantener el sistema actual, con un cambio al horario de verano en marzo y otro al horario de invierno en octubre.
  • Adoptar permanentemente el horario de invierno, conservando durante todo el año la hora estándar, más próxima al horario solar.
  • Mantener el horario de verano durante todo el año, evitando los cambios de reloj y disfrutando de atardeceres más tardíos según la hora oficial, aunque con amaneceres también más tardíos en invierno.

La propuesta europea de 2018 contemplaba eliminar los cambios obligatorios dos veces al año, permitiendo a los países determinar su hora oficial mediante un sistema coordinado de notificaciones.

La dificultad radica en alcanzar una solución que resulte aceptable para países con condiciones geográficas, climáticas y sociales muy diferentes.

El caso particular de España: ¿vivimos en el huso horario correcto?

España presenta además una circunstancia particular que complica el debate.

Aunque la mayor parte de la península Ibérica se encuentra geográficamente en el entorno del meridiano de Greenwich, España utiliza desde 1940 el horario de Europa Central, el mismo que Alemania, Francia o Italia.

Esto significa que durante el invierno la España peninsular utiliza UTC+1, mientras que durante el verano pasa a UTC+2.

Por tanto, la discusión española no consiste únicamente en decidir si deben eliminarse los cambios estacionales, sino también en determinar qué relación debería existir entre el horario oficial y la posición geográfica del país.

Adoptar el horario de invierno durante todo el año supondría mantener UTC+1 en la península. Elegir el horario de verano permanente significaría conservar UTC+2 también durante los meses invernales.

Una tercera cuestión, diferente de las anteriores, sería estudiar un eventual regreso al huso de Greenwich, UTC+0, para la península. Esta alternativa implicaría revisar el huso horario español, no simplemente eliminar los cambios estacionales.

¿Será este el último cambio de hora en España?

El próximo 25 de octubre tiene una particularidad administrativa: es la última fecha recogida en el calendario quinquenal publicado en el Boletín Oficial del Estado en marzo de 2022.

Sin embargo, esto no significa que España vaya a dejar de cambiar la hora a partir de 2027.

El Real Decreto 236/2002 establece un régimen de cambios estacionales de duración indefinida, mientras que las fechas concretas se publican periódicamente para facilitar su conocimiento.

Por tanto, la finalización del calendario 2022-2026 no supone la derogación del sistema. Mientras no se modifique la normativa europea y española, seguirá aplicándose el cambio de hora el último domingo de marzo y el último domingo de octubre.

Así, este domingo los españoles volverán a retrasar sus relojes una hora, recuperando el horario de invierno y reabriendo una discusión que parece no encontrar una solución definitiva.

La pregunta sigue siendo la misma que hace años: ¿compensa el posible ahorro energético las alteraciones que provoca el cambio horario o ha llegado el momento de elegir una hora fija para todo el año?

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