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Así es el refugio antiaéreo de la Guerra Civil en la Plaza de Cervantes de Alcalá de Henares

El refugio antiaéreo de la Plaza de Cervantes es mucho más que una infraestructura construida durante la Guerra Civil. Bajo el suelo de uno de los espacios más emblemáticos de Alcalá de Henares se conserva un testimonio de la historia de la ciudad, de sus sistemas de defensa durante la contienda y también de la evolución de la propia Alcalá a lo largo de los siglos.

Así lo explica Sebastián Rascón, jefe del Servicio de Arqueología del Ayuntamiento de Alcalá de Henares, que destaca la singularidad de un refugio construido en 1938 y localizado durante las excavaciones arqueológicas de noviembre de 2023. El espacio, de unos 38 metros de longitud, es probablemente el mayor refugio público conocido de la ciudad.

“Es una infraestructura defensiva que se construye precisamente para aminorar el efecto de los bombardeos causados por la aviación enemiga durante la Guerra Civil española”, explica Rascón.

Su diseño responde precisamente a esa función. Es una estructura lineal, de unos 37 metros de longitud, dos metros de anchura y una altura aproximada de dos metros, organizada en una galería longitudinal dividida en tres estancias. Las salas están separadas mediante muretes y puertas dispuestas en codo.

“No está pensado para el confort, sino para ser una cosa muy eficiente en unos momentos determinados y por un tiempo también bastante reducido”, señala el arqueólogo.

La disposición de las estancias tenía una función defensiva muy concreta. Si una explosión alcanzaba una de las salas, los giros y los muretes impedían que la metralla pudiera propagarse directamente hacia las siguientes, aumentando así las posibilidades de protección de las personas refugiadas.

Un refugio para unas 300 personas

El espacio habría tenido capacidad para unas 300 personas como máximo, según las estimaciones de los arqueólogos. Su funcionamiento estaba vinculado a los avisos de los bombardeos, mediante señales acústicas que alertaban a la población para que acudiera a los refugios.

Rascón explica que los bombardeos sobre Alcalá eran generalmente episodios breves, vinculados a la capacidad operativa de la aviación de la época. La ciudad, además, contaba con posiciones e instalaciones militares que podían constituir objetivos.

La Plaza de Cervantes presentaba entonces un aspecto muy diferente al actual. Sobre la estructura del refugio existía un importante volumen de tierra que contribuía a amortiguar el efecto de las bombas.

“Si me tiran una bomba y cae aquí, primero tengo la montaña, luego tengo el forjado de hormigón y después tengo el refugio, que es muy sólido”, explica Rascón, que considera que se trataba de una estructura defensiva “muy bien planificada”.

Los ‘souvenirs’ de la Guerra Civil

Una de las partes más interesantes del trabajo arqueológico ha sido precisamente recuperar los materiales que se fueron acumulando en el interior durante las décadas posteriores.

Cuando los arqueólogos accedieron al refugio, este se encontraba parcialmente colmatado. En algunos puntos había más de un metro de tierra, procedente tanto de aportes intencionados como de materiales que habían ido entrando a través de los respiraderos.

La excavación se realizó siguiendo una metodología arqueológica similar a la empleada en otros yacimientos de Alcalá. Los diferentes niveles de tierra han permitido recuperar objetos correspondientes a distintas épocas.

Entre los materiales relacionados con la Guerra Civil y los años inmediatamente posteriores aparecieron monedas de las décadas de 1940 y 1950, elementos vinculados a la vida militar, como correajes, una bota o restos de munición.

Pero el refugio también ha conservado objetos mucho más recientes. Algunos fueron cayendo a través de los respiraderos cuando el espacio ya había dejado de utilizarse como refugio.

A Rascón le llama especialmente la atención una pieza: una figura de Mazinger Z de los años 80, además de otros objetos que permiten reconstruir pequeñas escenas de la vida cotidiana de quienes paseaban por la Plaza de Cervantes décadas después de la Guerra Civil.

Una singularidad dentro de Alcalá

El jefe del Servicio de Arqueología destaca que este refugio tiene varias características que lo diferencian de otros conocidos en Alcalá y también de otros refugios de la Guerra Civil.

La primera es su carácter público. Fue concebido como el principal refugio público de la ciudad y construido por el Ayuntamiento en plena guerra.

La segunda tiene que ver con su propia construcción. Las paredes no están realizadas íntegramente con hormigón, como establecían las ordenanzas republicanas para este tipo de infraestructuras.

En el refugio de la Plaza de Cervantes se utilizaron sillares procedentes de la iglesia de Santa María, incendiada y posteriormente demolida durante la Guerra Civil. Esos sillares, a su vez, procedían del expolio de materiales de la antigua ciudad romana de Complutum en el siglo XII.

Para Rascón, este hecho convierte al refugio en una auténtica representación de la evolución histórica de Alcalá.

“Es una especie de muestra de lo que es la historia de Alcalá. Una ciudad que se va reconstruyendo sobre sí misma a lo largo de dos mil años”, resume.

El objetivo: abrirlo al público

El Ayuntamiento ya ha concluido las principales actuaciones de excavación, restauración y acondicionamiento del espacio. Entre las intervenciones realizadas se encuentran la limpieza de las galerías y sillares, la mejora de la iluminación y la instalación de ventilación para controlar la humedad.

Ahora el trabajo se centra en la musealización del refugio, en colaboración con la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid. El objetivo es incorporar recursos audiovisuales e inmersivos que permitan explicar al visitante qué era el refugio, cómo funcionaba y cuál fue su contexto histórico.

“El objetivo último es que se enseñe”, señala Rascón, que considera que no todo el patrimonio arqueológico puede hacerse visitable, pero sí aquellas piezas singulares que permiten comprender mejor la historia de la ciudad.

La previsión que maneja el Servicio de Arqueología es que las primeras visitas puedan comenzar durante el primer trimestre de 2027, una vez completados los trabajos de musealización.

“Alcalá va a seguir siendo una caja de sorpresas”

El refugio descubierto bajo la Plaza de Cervantes es, además, un ejemplo de cómo la arqueología preventiva permite seguir descubriendo una ciudad que continúa creciendo sobre un patrimonio acumulado durante miles de años.

“Alcalá va a seguir siendo una caja de sorpresas porque no sabemos lo que nos podemos encontrar”, concluye Rascón. Una realidad que convierte cada nueva obra en una oportunidad para documentar, proteger y, cuando sea posible, compartir con los vecinos una parte de la historia que permanece bajo sus pies.

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