El cuerpo ‘incorrupto’ de San Diego de Alcalá se expone el 13 de noviembre


Los restos incorruptos (momificados) de San Diego, quien dio nombre a la ciudad homónima del estado de California, en Estados Unidos, se conservan desde hace más de 400 años en una urna en la Catedral Magistral, y todos los 13 de noviembre se exponen a la devoción  popular.

La urna de los restos “incorruptos”

Este año se celebra por parte de la iglesia Católica los 552 años de la muerte del fraile franciscano San Diego. Sus restos momificados o “incorruptos” se conservan en un arca dorada en una capilla dentro de la Catedral Magistral, y cada 13 de noviembre -la fecha que él mismo predijo para su muerte, y que terminó siendo cierta- se celebra ante ella una procesión de fieles y visitantes durante todo el día,  a lo que se añaden la misa y la homilía dirigidas por el obispo de Alcalá.

Durante su vida tuvo fama de obrar varias curaciones milagrosas entre los pobres que atendía, y después de fallecer tuvo igual fama entre los poderosos, como el rey Enrique IV, a quien su poder curó un brazo.

Uno de sus mayores devotos fue Felipe II, quien mandó traer sus restos para invocar su mediación en la curación de su hijo el príncipe Carlos, que había sufrido una caída importante por la gran escalera del Palacio Arzobispal de Alcalá, en 1562, y se había dado un gran golpe en la cabeza. Cuando el santo reposó junto al lecho del príncipe, este sanó.

El santo de las rosas

Este fue uno de los seis milagros que sirvieron de motivación para ser canonizado en 1588, por el papa Sixto VI. Fue el único santo español de todo ese siglo. Pero el milagro tal vez más famoso es el de las rosas, y con ellas entre las manos se le ha representado en numerosos cuadros e imágenes, como ocurre en Alcalá.

Ese milagro se resume en que Fray Diego de Alcalá solía escamotear comida de los conventos franciscanos donde estaba, y en una ocasión se había llevado unos panecillos -otros dicen que una pierna de cordero- para dárselos a los pobres, pero fue descubierto. Sin embargo, él dijo que llevaba unas flores bajo la túnica, y al abrirla, así fue, llevaba un ramo de rosas.

San Diego nació el 14 de noviembre de 1400 en San Nicolás del Puerto, en Sevilla. Con vocación religiosa desde muy temprana edad, fue bastante viajero para su época, pues estuvo en el convento de la Arruzafa (hoy Parador de Turismo) en Arrecife, donde fue portero del convento. También estuvo en otros lugares de las islas Canarias, en Sevilla, Cádiz, Castilla, y pasó por muchos lugares de Francia e Italia en su peregrinación a Roma con motivo del año jubilar de 1450. Mientras estaba allí se declaró una peste y él se dedicó a cuidar y curar enfermos de forma intensa.

Venerado en España y toda América

Cuando regresó a España pasó por un convento en Tendilla, Guadalajara, y en 1456 se trasladó a Alcalá, donde vivió los siete años que le quedaban de vida en el convento de Santa María de Jesús, trabajando como jardinero, hortelano y portero.

Este convento fue demolido en el siglo XIX y ocupado por el cuartel del Príncipe, al lado de la universidad cisneriana. Es un santo venerado y conocido en multitud de lugares de España, donde es patrón católico de numerosas localidades, al igual que en toda América, sobre todo en México.

La orden franciscana llevó su nombre a California, donde  el alcalde de San Diego donó en 1964 una pequeña escultura del santo a la cofradía del Cristo de los Doctrinos, que la guardan en el jardín de su ermita.

Las monjas concepcionistas del convento de Santa Úrsula, en la calle del mismo nombre, presumen de guardar la lápida de la tumba original de San Diego desde hace cinco siglos, y una mano, también “incorrupta”, como reliquia.

Una curiosidad sobre su gran fama: Lope de Vega le dedicó el soneto: “La verde yedra al tronco asida”, y el drama “San Diego de Alcalá”.

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