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Javier Juárez y Nora Botero reciben el III Premio Francisca de Pedraza contra la Violencia de Género

El III Premio Francisca de Pedraza contra la Violencia de Género, lo convoca cada año la Asociación de Mujeres Progresistas de Alcalá de Henares.

Los ganadores de esta tercera edición son Javier Juárez y Nora Botero, docentes de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Medellín en Colombia, a los que se reconoce, así, su trabajo docente e investigador desde hace más de diez años, su defensa de los derechos humanos, la equidad de género y su lucha contra la violencia que sufren las mujeres en Latinoamérica.

Además, durante el acto se entregó también el Diploma de Reconocimiento «Francisca de Pedraza contra la violencia de género» a la Universidad Manuela Beltrán de Colombia, en la que se desarrolla un proyecto educativo inclusivo e igualitario sin importar la condición económica y social de quien aspira a tener un título profesional.

El acto estuvo presidido por el rector de la Universidad de Alcalá, José Vicente Saz, el alcalde de Alcalá de Henares, Javier Rodríguez Palacios, la vicerrectora de Políticas de Responsabilidad Social y Extensión Universitaria, María Jesús Such Devesa, el decano de Colegio de Abogados, Ángel Llamas, y la presidenta de la Asociación de Mujeres Progresistas de Alcalá, Julia Pérez Correa.

III Premio Francisca de Pedraza

El III Premio Francisca de Pedraza contra la Violencia de Género ha recaído este año en Javier Juárez y Nora Botero, profesores de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Medellín en Colombia.

Ambos investigadores destacan tanto por su labor docente como de investigación y defensa de los derechos humanos, la equidad de género y la lucha contra la violencia que sufren las mujeres en Latinoamérica. Juntos han defendido los derechos de las mujeres a través de su labor periodística con una gran repercusión internacional.

La violencia contra las mujeres tiene su origen en la desigualdad de género, es decir, en la posición de Subordinación, marginalidad y riesgo en la que se encuentran las mujeres respecto a los hombres.

El Feminicidio es la muerte violenta de las mujeres y las niñas por razones de género, es la forma más extrema de violencia contra la mujer y una de las manifestaciones más graves de la discriminación hacia ellas. La denuncia contra el feminicidio y las desapariciones de mujeres y niñas en muchos países pone en riesgo la vida de los y las periodistas que se dedican a la investigación.

Cabe resaltar la implicación de Javier Juárez, Doctor en Periodismo por la UCM. Desde 2007 ha desarrollado trabajos de investigación relativos a la trata de mujeres y los feminicidios en Latinoamérica y se han publicado en medios de España, México y Estados Unidos. Autor del libro Desaparecidas en Ciudad Juárez, sobre las desapariciones forzosas de mujeres en la frontera mexicana, labor por la que fue amenazado de muerte en 2011 y sufrió un intento de secuestro. Cuenta con el nombramiento de Doctor Honoris Causa por su defensa de los Derechos Humanos y la igualdad de Género por la Universidad del Instituto Americano de Ciudad de México, y el reconocimiento por parte de la Comisión de Derechos Humanos del Ecuador.

Nora Botero ha publicado recientemente «El papel de la mujer en el conflicto finar’. Su desempeño en el campo de la investigación científica ha conseguido hacer visible una
lucha feminista, social y políticamente invisibilizada en países como México y Colombia. Su labor investigadora ha conseguido dar voz a cientos de mujeres borradas de la historia y ha visibiiizado las redes de complicidades patriarcales para ocultar un sistema misógino que aún hoy pervive en una sociedad como la colombiana en la que cada hora dos mujeres/niñas son víctimas de abusos o violación en Colombia, cada día entre 2 y 3 mujeres son asesinadas.

Este premio reconoce el trabajo y el valor de todas las personas que arriesgan su vida en la defensa de los derechos de las mujeres y contra la violencia de género. Estas iniciativas docentes e investigadoras desde las universidades para construir una sociedad más justa se deben poner en valor por su dedicación a la prevención y erradicación de la violencia de género a través de la educación.

Imagen: Ayuntamiento de Alcalá de Henares.
Imagen: Ayuntamiento de Alcalá de Henares.

Quién fue Francisca de Pedraza

Francisca de Pedraza fue la primera mujer en vencer judicialmente la violencia de género, fue la primera en denunciar la violencia que sufren las mujeres y sus hijos e hijas ante los tribunales.

Sucedió en la España del siglo XVII. Su infancia transcurrió en el convento monasterio de San Juan de la Penitencia, fundado por el cardenal Cisneros en 1508 junto al colegio de doncellas huérfanas en Alcalá de Henares. Francisca, huérfana de padres, fue educada por las monjas complutenses. La educación de las niñas en el siglo XVII era algo extraordinario, una formación que fue decisiva para los hechos a los que tendría que enfrentarse ya de adulta.

En el convento se preparaba a las niñas o para tomar los hábitos o para el matrimonio, otorgándoles una pequeña dote. Contrajo matrimonio con Jerónimo de Jaras, pensando que con aquel hombre podría desarrollar una vida como mujer, madre, esposa tal como se esperaba de ella en esa época; que cumpliera con los roles asignados por ser mujer.

Nada más lejos de la realidad, pronto comenzaron las palizas, los golpes, los insultos, violaciones, amenazas y otras series de malos tratos ante la impunidad de su agresor, pero ella intento acabar y poner fin a esta situación acudiendo a la justicia. Primero le denunció por la ordinaria, luego por la eclesiástica y finalmente y de manera inaudita acudió a la universitaria, pues en ese momento la Universidad de Alcalá poseía aforamiento jurídico para impartir justicia entre sus estudiantes.

En 1614 comenzó un periplo judicial que culminó en un tribunal encabezado por el entonces Rector de la Universidad Alvaro de Ayala, licenciado en Derecho canónico y civil, quien en 1624 dictó sentencia, divorcio, devolución de la dote, custodia de sus hijos y orden de alejamiento. No ha vuelto a suceder una sentencia igual hasta bien entrado el siglo XX. Es de agradecer y valorar el posicionamiento y la talla de este juez que no se limitó a ver la violencia que sufrió Francisca como algo «usual» en esa época, sino que se puso de su lado para impartir justicia; una justicia que en pleno siglo XXI muchas mujeres víctimas de la violencia machista ven negada.

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