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En recuerdo de Víctor González López, el ya eterno camarero del Tempranillo

El pasado domingo Víctor González López sufría un infarto de miocardio que le provocó un accidente mientras montaba en bicicleta. Fue trasladado a La Paz y tres días después, este miércoles, fallecía en el hospital madrileño.

Víctor era tremendamente conocido en la ciudad por sus dos pasiones. Estar detrás de la barra de la vinoteca y su afición a la bicicleta. “A Víctor se le conocía en Alcalá no solo por el Tempranillo sino por su vocación por la bici desde que era muy joven, de hecho, era referente para muchos ciclistas de Alcalá” empieza su conversación Inma Badillo.

Inma era amiga de siempre de Pilar, esposa de Víctor, y estaba buscando a alguien para su vinoteca. “Tuve la suerte de poder contar con él y han sido años de lealtad trabajo y esfuerzo por su parte”.

Y es que, durante más de ocho años, la sonrisa de Víctor ha atendido a miles de alcalaínos que han pasado por un local que más que un bar es una segunda casa. Los muchos vecinos de la ciudad que lo conocían tendrán muy difícil olvidarle.

Inma siempre recordará a Víctor como “una persona sosegada, tranquila y que siempre tenía una buena sonrisa. Aprendió de vinos conmigo, estaba siempre dispuesto a trabajar y ayudar en lo que hiciese falta. Hemos ido a bodegas juntos y él siempre mostraba mucha inquietud por aprender cosas nuevas. Si no conocía un vino, buscaba información para explicarlo a los clientes. Era muy activo y muy consecuente con su trabajo”.

El vacío que deja Víctor en el Tempranillo y la bici alcalaína es grande y a Inma no le cuesta decir que “los huecos son irremplazables. Te podrás acostumbrar con el tiempo a su falta, pero ese hueco no se volverá a llenar”.

Víctor no quiso irse sin más. Su familia ha decidido donar todos sus órganos. “Una forma altruista de vida para otros cuando el ya no la pudo conservar. Seguirá vivo siempre. Solo muere lo que se olvida” termina Inma Badillo.