¿Qué tienen en común un escenario de televisión, el Auditorio Nacional de Música y las aulas de un colegio de Alcalá de Henares? En el caso del Colegio Alborada, mucho más de lo que parece. Son algunos de los escenarios en los que sus alumnos han demostrado que la música puede convertirse en una extraordinaria escuela de esfuerzo, superación y trabajo en equipo.
Desde 2009, el Colegio Alborada desarrolla un proyecto coral que acompaña a los alumnos desde Primaria hasta Bachillerato y que ha convertido la música en una de las señas de identidad de su propuesta educativa. Una iniciativa que ha cosechado importantes reconocimientos, pero cuyo verdadero valor va mucho más allá de los premios.
Detrás de cada actuación hay muchas horas de ensayo, ilusión y esfuerzo compartido. Y, sobre todo, profesores que acompañan a sus alumnos para ayudarles a descubrir sus capacidades, desarrollar su talento y aprender a ponerlo al servicio de los demás.
Hablamos con Luis Orviz, director del coro de Primaria, y Julieta Romeo, directora del coro de ESO y Bachillerato, para descubrir qué sucede cuando decenas de voces encuentran su lugar en una misma melodía.
Una vocación que se convierte en proyecto educativo

Luis, tu relación con la música comenzó cuando eras muy pequeño. ¿Cómo ha marcado tu manera de enseñar?
Luis Orviz: La música ha sido siempre mi gran pasión. Empecé a estudiar piano con cinco años y después continué mi formación musical con la trompa. Llegué a tener la oportunidad de marcharme a Holanda para orientar mi carrera hacia la interpretación profesional, pero descubrí que mi verdadera vocación era enseñar. Lo que me hacía feliz era transmitir, acompañar y despertar en los niños el amor por aprender.
En el aula utilizamos canciones, ritmos y melodías para trabajar matemáticas, lengua, comprensión lectora o expresión oral. La música favorece la concentración, la memoria y el desarrollo emocional. Cuando el aprendizaje se asocia a una emoción, permanece. Todavía me encuentro con antiguos alumnos que recuerdan las canciones con las que aprendieron a multiplicar.
¿Y cómo encaja el coro en esa forma de entender la educación?
Luis: El coro es el corazón del proyecto musical del Colegio Alborada. En Primaria, los alumnos descubren el placer de cantar juntos, educan el oído, mejoran la afinación y aprenden a expresarse artísticamente. Pero, sobre todo, descubren que su voz importa y que, al mismo tiempo, necesita de las demás. No se trata de destacar individualmente, sino de construir algo bello entre todos.

Mucho más que cantar: aprender a convivir
Julieta, desde tu experiencia con los alumnos mayores, ¿qué aporta formar parte de un coro?
Julieta Romeo: Un coro es una pequeña comunidad. Al principio, las voces pueden sonar desiguales, pero, con horas de ensayo, escucha y esfuerzo, adquieren forma y armonía. Ese proceso enseña algo esencial: para sonar bien juntos, primero hay que aprender a escucharse.
Cantar en un coro favorece la convivencia, crea vínculos de amistad y fortalece el sentimiento de pertenencia. Se aprende a animar a quien tiene dificultades, a celebrar el progreso de los demás y a confiar en el grupo. También se desarrolla la disciplina: preparar una obra exige constancia, atención, responsabilidad y respeto por el trabajo colectivo.

Además, la música coral educa la sensibilidad. Una respiración compartida, un silencio sostenido o un matiz interpretativo pueden cambiar por completo una pieza. Los alumnos aprenden a apreciar los detalles y a comprender que cada aportación, por pequeña que parezca, es importante para el resultado final.
Del Auditorio Nacional a Got Talent: el reconocimiento a años de esfuerzo
El trabajo desarrollado por el coro del Colegio Alborada ha traspasado las aulas y ha llevado a sus alumnos a vivir experiencias musicales extraordinarias.
El coro de ESO y Bachillerato ha conseguido durante dos años consecutivos el primer premio en la categoría de coros de excelencia del Certamen de Coros Escolares de la Comunidad de Madrid, una competición que reúne a agrupaciones de distintos centros educativos de la región.
A estos reconocimientos se suma el primer premio obtenido en el I Certamen de Villancicos de Alcalá de Henares, una alegría especialmente significativa por producirse en su propia ciudad.

El coro ha conseguido importantes reconocimientos. ¿Qué significan estos premios para vosotros?
Julieta: Nuestro coro ha conseguido durante dos años consecutivos el primer premio de coros de excelencia del Certamen de Coros Escolares de la Comunidad de Madrid. Es un reconocimiento al trabajo, la constancia y la ilusión de todos los integrantes. Pero los premios no son lo más importante. Lo verdaderamente valioso es el camino recorrido, el crecimiento de cada alumno y la experiencia de compartir algo que nos supera individualmente.
Otra de las grandes experiencias del coro ha sido su participación en Got Talent España, donde los alumnos llegaron hasta las semifinales y tuvieron la oportunidad de actuar ante el jurado del programa, integrado por rostros conocidos como Risto Mejide, Carlos Latre, Paula Echevarría y Lorena Castell.

Cámaras, focos, entrevistas, ensayos y la emoción de compartir escenario con otros artistas convirtieron aquella participación en una experiencia difícil de olvidar. Pero también en una oportunidad para poner en práctica aprendizajes que forman parte del día a día del colegio: afrontar nuevos retos, superar los nervios, confiar en los compañeros y descubrir que los grandes momentos son fruto de un esfuerzo sostenido. Porque, más allá de la emoción de actuar en un programa de televisión de gran proyección, lo verdaderamente importante es todo lo que los alumnos han aprendido para llegar hasta allí.
El papel de las familias y la música como servicio a los demás
Detrás de cada actuación y de cada reconocimiento está también el apoyo de las familias, que acompañan con ilusión el crecimiento artístico y personal de sus hijos. Su implicación contribuye a fortalecer el sentimiento de pertenencia y convierte el proyecto coral en una experiencia compartida por toda la comunidad educativa.
La música en Alborada es también una forma de servir y acompañar a los demás. Una muestra especialmente emotiva fue la participación del coro en la boda de un antiguo alumno del colegio, celebrada en la Concatedral de Guadalajara. Los estudiantes pusieron música a la ceremonia, oficiada por el capellán del centro, D. Arturo Garralón, en una experiencia que permitió estrechar los vínculos entre el colegio y uno de sus antiguos alumnos.
Una celebración que refleja cómo el sentimiento de pertenencia a Alborada puede prolongarse mucho más allá de los años escolares y cómo la música se convierte también en una forma de acompañar y compartir los momentos importantes de la vida.
¿Qué sentís cuando llega el momento de actuar ante el público?
Julieta: Preparar una obra con esmero es también una forma de servicio. Cuando ves que una canción emociona, alegra o acompaña a alguien que atraviesa un momento difícil, comprendes que la música puede llegar donde las palabras no siempre alcanzan. Esa capacidad de conmover y de compartir belleza da sentido a tantas horas de ensayo.
Luis: Por eso, el coro es también una escuela de vida. Enseña humildad, empatía, compromiso y cooperación. Cada alumno descubre que puede aportar algo único y que, al unirse a los demás, consigue mucho más de lo que lograría por separado.

Crecer juntos, de Primaria a Bachillerato
El proyecto coral del Colegio Alborada refleja una manera de entender la educación en la que el desarrollo artístico va de la mano del académico, emocional y social.
Desde sus inicios en 2009, la música acompaña a los alumnos durante distintas etapas educativas, les ofrece retos adaptados a su crecimiento y crea experiencias compartidas que permanecen en el tiempo.
Los premios obtenidos en los certámenes escolares, la participación en Got Talent España o las actuaciones en celebraciones de antiguos alumnos son algunas de las manifestaciones más visibles de un proyecto cuyo verdadero valor se construye cada día, en las aulas y en los ensayos.
Porque cantar en un coro es mucho más que aprender partituras o preparar conciertos. Es aprender a escuchar, a esforzarse, a convivir y a poner el propio talento al servicio de los demás. Y cuando muchas voces se unen para crear armonía, no solo crece la música: también crecen las personas.
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