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Un alumni de la UAH entra en la lista ‘Forbes 30 Under 30’ por su Trabajo de Fin de Grado

A veces, una idea que nace en un aula puede acabar mucho más lejos de lo que uno imaginaba. Este es el caso de Sergio Navarro, graduado en Ingeniería en Electrónica y Automática Industrial por la Universidad de Alcalá (UAH) en 2020.

Lo que comenzó como un proyecto académico para explorar la tecnología blockchain y el crowdfunding inmobiliario terminó convirtiéndose en Domoblock, una empresa que actualmente se encuentra en fase de crecimiento y expansión y que le ha llevado a ser seleccionado como finalista de la lista Forbes 30 Under 30 2026. 

Una etapa universitaria que marcó el camino

Antes de convertirse en emprendedor, Sergio Navarro fue estudiante de la UAH. Llegó a Alcalá de Henares desde Cuenca y, según recuerda, rápidamente encontró en la ciudad y en la Universidad un entorno en el que desarrollar su formación y sus relaciones personales. «Guardo muy buen recuerdo de aquellos años», señala. Una etapa que estuvo marcada por el esfuerzo y el descubrimiento de aquello que le apasionaba. 

De su formación en Ingeniería no se queda únicamente con conocimientos técnicos. Uno de los aprendizajes que considera más importantes es una determinada manera de enfrentarse a los problemas, «la mentalidad de ingeniero de descomponer un problema complejo en partes, analizarlo con datos y buscar la solución más eficiente», explica. Una forma de pensar que aplica actualmente en Domoblock, desde el análisis de operaciones inmobiliarias hasta el diseño de los procesos internos de la empresa.  

Su paso por la UAH también le permitió descubrir una combinación que terminaría siendo determinante en su trayectoria, la unión entre ingeniería y negocios. Aunque disfrutaba de las matemáticas y la física, fueron especialmente las asignaturas relacionadas con la gestión de proyectos, la economía y las finanzas las que despertaron su interés por ese ámbito. Como consecuencia, los conocimientos adquiridos durante la carrera le proporcionarían posteriormente las bases sobre la que se construye Domoblock. 

Cuando un TFG se convierte en una realidad

La historia de Domoblock comenzó precisamente durante su etapa universitaria. Navarro aprovechó su Trabajo Fin de Grado (TFG) para explorar dos ámbitos que despertaban su curiosidad: la tecnología blockchain y el crowdfunding inmobiliario. 

El resultado fue un proyecto de programación de contratos inteligentes aplicados al crowdfunding inmobiliario. En un primer momento, se trataba de un ejercicio técnico y académico. Sin embargo, a medida que avanzaba en su desarrollo, comenzó a identificar una posibilidad que iba más allá del propio trabajo universitario, utilizar la tecnología para facilitar el acceso a la inversión inmobiliaria. 

«Ahí fue cuando dejó de ser un TFG y empezó a ser un potencial modelo de negocio», explica. Por eso, como profesor hay una idea que especialmente repite a sus estudiantes, «todo empezó con un trabajo de clase, a veces la mejor idea de negocio la tienes delante en un ejercicio y no lo sabes». 

Tecnología para transformar la inversión inmobiliaria

Domoblock se define como una plataforma que permite invertir en proyectos inmobiliarios profesionales desde 200 euros y de forma completamente digital. Su objetivo, explica Navarro, es reducir las barreras de acceso a un sector que tradicionalmente ha requerido una elevada capacidad económica, contactos, tiempo y conocimientos especializados. 

La innovación tecnológica está transformando así un sector que, en opinión de Navarro, históricamente ha estado poco digitalizado. La reducción de las barreras de entrada, la eliminación de fronteras geográficas y el acceso a una mayor cantidad de información están modificando la manera de analizar e invertir en activos inmobiliarios. 

La unión entre método y pasión

El paso de la ingeniería al emprendimiento no fue, para Navarro, un cambio radical, sino la evolución natural de dos intereses que ya estaban presentes. «La ingeniería me dio el método y las finanzas me dieron la pasión, y el emprendimiento fue simplemente el lugar donde esas dos cosas encajaron», aclara. 

De su experiencia como emprendedor destaca precisamente varias similitudes con la ingeniería: plantear un problema, probar una solución, medir los resultados, corregir los errores y volver a empezar. Una capacidad de repetición que considera esencial para afrontar las dificultades de crear una empresa. El antiguo estudiante afirma que, «la idea es solo el punto de partida, pero lo que marca la diferencia es pasar a la acción y no acomodarte nunca». Y anima a los estudiantes a aprovechar el ecosistema universitario que tienen a su alrededor.

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