Imanol Arias ha recogido este viernes el Premio Ciudad de Alcalá de las Artes y las Letras en el Teatro Salón Cervantes, pero su intervención ha terminado convirtiéndose en algo más que un agradecimiento por el reconocimiento. Durante más de 20 minutos, el actor ha recorrido su larga relación con Alcalá de Henares, una ciudad que ha conocido durante décadas a través de sus rodajes, sus calles, sus amistades y sus noches de conversaciones sobre literatura y flamenco.
«¿Qué me agradece Alcalá? Y, sobre todo, ¿qué debo yo a Alcalá?», se ha preguntado ante el público. Su respuesta ha llegado al final de un discurso lleno de recuerdos: «Alcalá a mí me debe muy poco, muy poco. Yo a Alcalá le debo muchas noches de felicidad, un gran conocimiento, el que me ha dado la vida, y el cariño en sus gentes».
El actor ha agradecido el premio a la Corporación municipal, a la alcaldesa, Judith Piquet, y a los concejales de todos los partidos. Arias ha explicado que, cuando recibe una distinción de este tipo, le gusta que sea concedida por unanimidad, porque, a su juicio, «un premio no tiene que dividir nada». Una reflexión con la que ha querido agradecer el respaldo institucional y el valor de un reconocimiento que, para él, debía representar a toda la ciudad.

Una ciudad que convirtió en escenario de sus historias
Arias ha evocado la Alcalá que descubrió durante sus jornadas de rodaje de la serie Cuéntame, cuando las calles y plazas se convertían en escenarios para contar pequeñas historias de personajes. En su memoria permanece una ciudad que conservaba «la esencia de una España pequeña en las dimensiones, inmensa en cada esquina».
El actor ha descrito el atractivo de recorrer sus calles y encontrarse con edificios que podían evocar antiguos comercios, talleres o pequeñas bibliotecas, junto al marco monumental de las iglesias y la Universidad. Una combinación de historia cotidiana y patrimonio que, según ha explicado, hacía de Alcalá un lugar especialmente sugerente para quienes trabajaban en el cine.
También ha recordado la colaboración de la ciudad durante aquellos rodajes. El Ayuntamiento llegaba a facilitar el uso de calles y espacios para las filmaciones, aunque eso implicara restricciones para los vecinos, como no poder dejar el coche en determinadas zonas. Arias ha recordado que los alcalaínos contemplaban con curiosidad el despliegue de cámaras, luces y equipos, mientras reconocían sus propias calles y a sus vecinos en medio de la actividad cinematográfica.
Entre las imágenes que conserva de aquella etapa ha mencionado el antiguo entorno del Parador y La Posada, un restaurante que ha recordado con especial cariño. Después de participar en más de un centenar de películas, ha asegurado que nunca ha disfrutado de un servicio de comida durante un rodaje como el de aquel establecimiento. También ha evocado una cena en la que coincidieron Pepe Sancho y María Jiménez, una de esas escenas de la vida que, según ha contado, permanecen en la memoria mucho después de terminar el trabajo.

Pedro Atienza, la amistad que le descubrió otra Alcalá
Uno de los momentos más personales del discurso ha llegado al recordar a Pedro Atienza, escritor, poeta e investigador del flamenco, ya fallecido, con quien Arias compartió numerosas noches en Alcalá. El actor ha descrito una amistad construida al terminar las jornadas de rodaje, cuando las conversaciones se prolongaban entre tertulias literarias, cante y encuentros en distintos rincones de la ciudad.
Atienza le descubrió una Alcalá menos visible, vinculada a una tradición flamenca que el actor ha descrito como «oculta, nocturna». A través de él conoció historias, personajes y espacios que enriquecieron su relación con la ciudad. Arias ha recordado aquellas noches como una forma de «sana golfería literaria», en la que bastaban las conversaciones y un whisky de Malta para alargar las horas.
En ese recorrido apareció también la figura de El Alcayata, un cantaor flamenco cuya vida y manera de entender el cante inspiraron a Atienza el poema La vida a palos. El escritor pidió a Arias que llevara aquella historia al teatro, una propuesta que el actor recibió inicialmente con dudas, porque se consideraba intérprete y no autor teatral.
Sin embargo, las insistentes llamadas de su amigo acabaron convenciéndole. Arias terminó llevando La vida a palos a los escenarios, en una adaptación teatral que recorrió distintas ciudades españolas, aunque no llegó a representarse en Alcalá.
Por eso, el actor ha aprovechado la recepción del premio para expresar un deseo muy concreto: organizar algún día en el Teatro Salón Cervantes un concierto en homenaje a Pedro Atienza, acompañado por el cante flamenco que formaba parte del espíritu de aquella obra.
«Habría que hacer ese homenaje a ese hombre», ha afirmado, dirigiéndose también a su productor y amigo Jesús, presente en el acto. Ha sido una de las propuestas más personales de su intervención y una manera de devolver públicamente a Alcalá una parte de lo que, según ha explicado, la ciudad le ha dado.

El Quijote entre las ruinas de Sarajevo
El discurso ha adquirido un tono especialmente intenso cuando Arias ha relatado una experiencia vivida durante la guerra de Bosnia, en Sarajevo, donde trabajó cuando el conflicto todavía mantenía a la ciudad bajo la amenaza de los francotiradores y los bombardeos.
El actor ha descrito una ciudad aterradora, en la que no se veían mujeres por las calles y donde el miedo había transformado la vida cotidiana. Allí conoció la historia de una biblioteca que reunía conocimientos de distintas culturas y religiones, y que fue destruida durante los ataques. Según ha contado, un oficial español le permitió visitar el edificio en ruinas, protegido para evitar que los visitantes convirtieran la tragedia en un simple escenario para hacerse fotografías.
Entre los restos de mármol de la biblioteca, Arias encontró un ejemplar de Don Quijote de la Mancha. El libro había sobrevivido en un hueco entre los escombros. El actor ha recordado aquel hallazgo como un auténtico milagro: en medio de la destrucción, alguien había dejado allí una obra que representaba la posibilidad de reconstruir el conocimiento y la convivencia.
Arias ha explicado que aquella imagen le hizo comprender de otra manera la fuerza de la literatura. El Quijote no era únicamente una obra fundamental de las letras españolas, sino también un símbolo capaz de atravesar fronteras y mantener su significado incluso en un escenario de guerra.
Su reflexión ha conectado ese recuerdo con la importancia de la lengua española, que ha definido como una herencia compartida y una herramienta común para la cultura. Ha citado a escritores como Jorge Luis Borges, Rubén Darío, Julio Cortázar y Gabriel García Márquez, autores que han enriquecido el castellano desde distintos lugares del mundo.

Alcalá, una universidad que proyectó su influencia
El actor también ha reivindicado el papel histórico de la Universidad de Alcalá y su influencia en la cultura española y latinoamericana. Durante su discurso ha contado que, cuando trabajaba en América Latina y participaba en historias ambientadas en el pasado, aparecían con frecuencia dos grandes referencias universitarias: Salamanca y Alcalá.
Arias ha relacionado esa influencia con la expansión del conocimiento y de la lengua española, y ha recordado a figuras vinculadas a la tradición intelectual de Alcalá, entre ellas Francisco de Quevedo, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Tirso de Molina e Ignacio de Loyola.
Para el actor, la ciudad no se agota en sus monumentos ni en sus recorridos turísticos. «Alcalá es más que un paseo, más que un desayuno. Es un monumento al castellano», ha resumido, reivindicando una identidad cultural que se encuentra tanto en la historia universitaria como en la vida cotidiana de sus calles.

Un premio que termina convertido en agradecimiento
Antes de despedirse, Arias ha vuelto a la pregunta que había planteado al comienzo de su intervención: qué le debe él a Alcalá. Su respuesta ha sido una declaración de afecto a la ciudad y a sus habitantes, a quienes ha agradecido el cariño que sigue percibiendo cada vez que regresa.
El actor ha deseado a Alcalá un futuro de prosperidad, convivencia, paz, libertad, orgullo e historia para quienes han nacido, viven o vivirán en ella. Un cierre que ha llevado el discurso desde los recuerdos personales hasta una declaración de confianza en el futuro de la ciudad.
El Premio Ciudad de Alcalá de las Artes y las Letras, que reconoce una trayectoria dedicada a la creación y la interpretación, ha servido así para hacer visible una relación que va mucho más allá de una visita institucional. En palabras del propio Arias, Alcalá forma parte de su biografía por sus rodajes, por las amistades que nacieron en ella y por las conversaciones que le permitieron descubrir otras dimensiones de su cultura.
Y entre todas esas memorias, el actor ha dejado una petición para el futuro: volver al Teatro Salón Cervantes para rendir homenaje a Pedro Atienza, el amigo que le enseñó a mirar Alcalá desde sus noches, sus letras y su flamenco.
Discurso de Imanol Arias
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