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7 de octubre de 1571, Batalla de Lepanto: La más alta ocasión que vieron los siglos

Como “la más alta ocasión que vieron los siglos” definía Miguel de Cervantes la lucha entre los Tercios de la mar españoles y la flota del imperio Otomano en Lepanto, frente a las costas griegas. España formaba entonces parte de la Liga Santa, liderados por Don Juan de Austria, que frenó el expansionismo otomano en el Mediterráneo oriental dejando a flote solo 30 de sus 221 galeras.

El almirante español arengó a sus tercios antes de la batalla: “Hijos, a morir hemos venido, o a vencer si el cielo lo dispone. No deis ocasión para que el enemigo os pregunte con arrogancia impía ¿Dónde está vuestro Dios? Pelead en su santo nombre, porque muertos o victoriosos, habréis de alcanzar la inmortalidad”.

Y precisamente fueron ellos la clave de la victoria de la Liga Santa. Según el historiador de Cambridge Hugh Bicheno, el “arma secreta” de la coalición católica fue la habilidad de los Tercios para usar picas a la hora de abordar las galeras berberiscas.

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El combate fue de igual a igual si bien los turcos tenían una ligera ventaja numérica en galeras (221 contra 207) y 1.000 hombres más. Además, sobre su armamento Rufo relató en La Austriada que contaban con: “Bombas de fuego, máquinas terribles de alquitrán, que en el agua más se enciende; astas y flechas, llenas de empecibles; yerbas, cuyo veneno presto ofende; Arcabuzes, mosquetes insufribles, cañones, de quien nadie se defiende; Y mucha confianza en la batalla, que es la mejor ventaja que hay”.

La Liga Santa resultó vencedora de una batalla que frenaba el avance otomano por el Mediterráneo. Una lucha que dejó 7.650 cristianos muertos y más de 30.000 otomanos ya fuera ahogados o por arma blanca o de fuego. Otros 8.000 berberiscos fueron hechos presos y se liberó a 12.000 esclavos que bogaban en las galeras turcas.

El historiador Fernando de Herrera describía así el dantesco paisaje tras la batalla de Lepanto: “La noche sucedió oscurísima y con grande pluvia; parecía el mar ardiendo en llamas un monte de fuego, y en todo el espacio de la batalla se vio teñido en sangre infiel y cristiana”.

Cervantes en Lepanto

Es célebre la intervención del alcalaíno Don Miguel de Cervantes en el Tercio de la galera Marquesa, en la victoria de Lepanto del 7 de octubre de 1571. Recibió tres heridas por arcabuz, un arma de fuego de la época equiparable al fusil de asalto actual.

Sus compañeros relataron después cómo en esa jornada, a pesar de estar enfermo, Cervantes decidió combatir porque más quería morir peleando por Dios y por su rey que no meterse en su cubierta.

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La herida más grave se la ocasionaron a nivel de la palma de la mano izquierda, afectando también a parte de la muñeca. “Fue una herida profunda, que no solo dañó la piel y el tejido celular subcutáneo, también a los músculos, a los nervios y fracturó los huesos… Fue una lesión muy seria, muy importante, de alta gravedad”, según señala el experto en Traumatología de la UAH, Antonio López Alonso.

En 1572, restablecido de las heridas producidas en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros, fue asignado a la compañía de don Manuel Ponce de León, del Tercio de don Lope de Figueroa, el Tercio de la Armada, que absorbió al de Moncada. Con él, actuó en la efímera reconquista de Túnez, que volvió perderse unos meses después junto con la fortaleza de la Goleta.

Don Miguel de Cervantes fue soldado entre 1569 y 1584, y como tal participó en numerosas acciones de guerra, sufrió heridas y padeció un largo cautiverio en África, durante el cual demostró un coraje y una fortaleza de ánimo realmente extraordinarios.

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