Manolo Revilla, en familia: su muestra más íntima y personal en Alcalá de Henares


Homenaje a la obra del artista complutense Manolo Revilla. Una deliciosa exposición pictórica en su Alcalá de Henares. La Casa de la Entrevista acoge esta muestra que se inauguró el pasado 19 de octubre y se mantendrá hasta el 18 de noviembre.

Para contarnos la vida y obra de este fantástico artista complutense nadie mejor que Antonio Marchamalo Sánchez en el ‘Catálogo Manuel Revilla, Capilla del Oidor, 15 de diciembre al 13 de enero 1984/85’.

La exposición “Manolo Revilla, en familia”, recoge la obra más íntima y personal de Manolo Revilla (Alcalá de Henares, 1921-1983), aquella que conservó en su estudio y que ahora saca a la luz su familia.

Manuel Revilla López, nacido en Alcalá de Henares en 1921 y dotado de una habilidad innata para el dibujo. Es precisamente en esta forma de expresión plástica donde inicia su andadura artística desde muy niño.

De formación prácticamente autodidacta únicamente recibiría algunas lecciones de pintura del escultor Luis Adolfo Sanz en los locales de la antigua Mutual Obrera Complutense, donde con gran aprovechamiento comenzó a familiarizarse con el mundo del color realizando sus primeras acuarelas. Fue la dicotomía entre lo dibujístico y lo cromático el problema que más veces inquietó sus actividades artísticas orientadas a la búsqueda de un lenguaje pictórico en el que poder expresar de forma satisfactoria sus propias experiencias estéticas, ya que Revilla en el fondo siempre entendió la pintura como un medio de comuniación en el que el artista debía ocupar un lugar de intérprete entre la realidad sensible y el espectador.

La trayectoria de Manuel Revilla debe entenderse, pues, partiendo de su propia postura básica de buscador de soluciones entre dibujo y color que nunca dio por concluida. Y así toda su abundante producción se divide entre dos técnicas, dibujos y pinturas de caballete, que a lo largo de la vida del alcalaino siguen en lo estilístico dos líneas evolutivas paralelas, independientes y complementarias entre sí.

A tal efecto resulta muy revelador comprobar cómo mientras en la pintura al óleo la evolución de Revilla parte desde unos primeros pasos netamente dibujísticos para finalizar en un abandono del grafismo cada vez más evidente, en su obra como dibujante el fenómeno es inverso: desde la total abstracción de la primera época avanza hacia un geometrismo progresivamente concreto que desembocará finalmente en una figuración donde los trazos abstractos asumen un papel de meros comparsas.

Sin embargo, observando en conjunto la obra del pintor no se advierten grandes tensiones ni preferencias entre su faceta de dibujante y su actividad simultánea en la esfera del aceite y el color. Pues si bien es cierto que todos sus trabajos podrían definirse como una lucha tras la luz y el cromatismo, también lo es que nunca desaparece de los mismos un soporte de dibujo que, más o menos manifiesto, es constante en todos y cada uno de sus lienzos.

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