Batalla de Malvecino: 901 años de la reconquista cristiana de Alcalá la Vieja

Los árabes habían entrado en la Península Ibérica en el año 711. A partir de entonces se fueron extendiendo por el norte durante ocho siglos. Cuando Alcalá de Henares fue invadida por los sarracenos, los obispos de Alcalá emigraron a Guadalajara pero la población civil pudo continuar en el Burgo de Santiuste (nombre medieval de Alcalá de Henares) debido a que a los árabes no les interesaba la parte derecha del Río Henares, la conocida como Alcalá la vieja.

Sus ejércitos consideraban mucho más fácil de defender la parte izquierda. Precisamente allí estaban los Cerros de Alcalá que eran los lugares preferidos por los emplazamientos militares, es por eso que allí se ubicó la fortaleza andalusí de Alcalá la Vieja llamada al-Qal’at abd al-Salam que derivó en Alkal’a Nahar.

El castillo de Alcalá la Vieja fue, en un principio, una simple atalaya, que los musulmanes construyeron, posiblemente en el siglo IX, para defender el camino fluvial del Henares, ante el avance de los reinos cristianos por tierras de Al-Ándalus.

La torre de vigilancia fue erigida en un enclave estratégico, en lo alto de una colina y en la orilla sur del río Henares, que actuaba como frontera natural.

Cerro de Malvecino

Sin embargo, y a pesar de su fácil defensa, el castillo de Alcalá la Vieja tenía un punto débil. En el entorno de los Cerros había un alto desde el que no solo se desviaba sino que estaba a tiro de artillería al-Qal’at abd al-Salam. Se trataba del cerro de Malvecino, desde él se realizó el asedio cristiano de 1118 a la fortaleza musulmana.

Su nombre fue puesto por los invasores musulmanes debido a que era un más que incómodo vecino desde el que podían, y de hecho fueron atacados con piezas de artillería, entonces grandes piedras y bolas de fuego lanzadas por catapultas.

Cerro de Malvecino
Cerro de Malvecino de Alcalá de Henares.

Fue un tres de mayo de 1118, hace ahora 901 años. El entonces arzobispo de Toledo Bernardo de Sedirac, desde el cerro Malvecino, atacó el emplazamiento militar musulmán. La historia, que siempre escriben los vencedores, cuenta como las tropas de Sedirac vieron sobre la cima del monte más alto de los cerros, el Ecce Homo, una cruz cristiana iluminada con fuego.

Ni que decir tiene que los libros recogen cómo este hecho no solo espoleó a los atacantes, sino que también debilitó a los defensores, siendo clave en la toma de la fortaleza morisca expulsando al invasor de tierras otrora cristianas.

Alcalá la Vieja (Alkal’a Nahar) pasaba a formar parte del Arzobispado de Toledo y para celebrar aquella histórica victoria se construyó en el lugar donde antes se ubicaba la fortaleza árabe una ermita y el cerro pasó a llamarse De la Vera Cruz.

Alcalá la Vieja en la actualidad

Alcalá la Vieja está integrada en la red de yacimientos visitables de la Comunidad de Madrid, que ya abarca otros veinte enclaves. Los arqueólogos han encontrado en este enclave un ara romana de 1,7 metros de alto en muy buenas condiciones y con una inscripción tallada cuyo significado están estudiando actualmente. El ara será extraída para su traslado al Museo Arqueológico Regional, en la ciudad complutense.

El recinto fortificado de Alcalá la Vieja se sitúa en el cerro de Veracruz, a 630 metros de altitud sobre la margen izquierda del río Henares, entre los cerros del Ecce Homo y el de Malvecino. Junto a éste y separado por una vaguada, se han identificado dos arrabales islámicos y cristianos.

En el yacimiento se pueden observar los restos de las fortificaciones junto a otros elementos singulares, como una iglesia de factura mudéjar y un aljibe de grandes dimensiones.

Su posición estratégica le permitió dominar el paso de la importante ruta de comunicación entre Toledo y Zaragoza. Tras la conquista cristiana en 1118, la fortaleza pasó a manos de los arzobispos de Toledo. Su abandono definitivo se debió producir durante el siglo XVI.

Más información